El Precio de la Supresión Emocional:
Un estudio realizado en el IV simposio internacional sobre prevención y detección del cáncer reveló que rasgos como la supresión emocional, la racionalización y la huida al conflicto están fuertemente asociados al cáncer de mama. La incapacidad de expresar emociones y la tendencia a racionalizar o minimizar los sentimientos pueden tener un efecto perjudicial en el cuerpo a lo largo del tiempo. La represión emocional prolongada puede desencadenar una cascada de estrés interno que finalmente afecta la salud física.
La supresión emocional no solo se relaciona con el cáncer de mama; también puede contribuir a otros problemas de salud. Investigaciones sugieren que los síntomas elevados de trastorno por estrés postraumático pueden aumentar el riesgo de cáncer de ovario en mujeres que han experimentado eventos traumáticos en el pasado. Esto refuerza la idea de que el estrés emocional está intrínsecamente conectado a nuestro estado de salud, tanto en la enfermedad como en la salud.
Abnegación y Su Impacto en la Salud:
La abnegación excesiva, caracterizada por el comportamiento altruista, la autosuficiencia súper autónoma (negación a recibir apoyo de nadie) y una preocupación obsesiva por las necesidades de los demás, es otro rasgo de personalidad que puede estar relacionado con problemas de salud como cáncer, fibromialgia, esclerosis amiotrófica, problemas en la piel. Muchas personas que desarrollan estos rasgos lo hacen como una forma de compensación psicológica para lidiar con traumas infantiles. A menudo, se esfuerzan por ser excepcionalmente funcionales y exitosas, superando sus propias necesidades.
El desafío con la abnegación es que, mientras estas personas pueden parecer muy exitosas desde el exterior, están ocultando una angustia interna. El "hiperfuncionamiento" es común entre aquellos que han internalizado la idea de que sus necesidades no son importantes. Estos pacientes con enfermedades autoinmunes, según el doctor Maté, tienden a esforzarse en todos los aspectos de sus vidas y, al mismo tiempo, a desatender sus propias necesidades.
La Relación entre Estrés Emocional y Enfermedades Crónicas:
Estudios más recientes sugieren que el estrés emocional está vinculado a la inflamación neurogénica, un proceso que puede desencadenar enfermedades crónicas. La inflamación neurogénica es inducida por el estrés y está relacionada con descargas en el sistema nervioso que, a su vez, están fuertemente influenciadas por las emociones. Además, la adversidad temprana, como los traumas infantiles, puede provocar inflamación en la vida adulta.
Identificando los Rasgos de Personalidad en Pacientes con Enfermedades Crónicas:
La observación clínica de pacientes con enfermedades crónicas ha permitido identificar una serie de rasgos de personalidad comunes entre ellos. Estos rasgos incluyen:
- Preocupación automática y compulsiva por las necesidades emocionales de los demás, pasando por alto las propias.
- Identificación rígida con el rol social y la responsabilidad.
- Hiperresponsabilidad y multitarea excesiva dirigida hacia el exterior.
- Represión de la agresividad y la ira.
- Mantener una imagen compulsiva de sí mismo, basada en la creencia de que se es responsable de cómo se sienten los demás.
Es esencial destacar que estos rasgos no son un signo de debilidad, sino más bien adaptaciones que se formaron originalmente para preservar algo esencial e innegociable. Sin embargo, con el tiempo, pueden convertirse en patrones perjudiciales que afectan negativamente la salud.
Equilibrando las Necesidades Propias y Ajenas:
Reconocer la influencia de los rasgos de personalidad en nuestra salud es el primer paso para la prevención y la curación. El autoaceptarse y perdonarse son fundamentales en este proceso. Aprender a equilibrar las necesidades propias con las de los demás es esencial para mantener un estado de salud óptimo.
Es de suma importancia también conocer la diferencia entre la ira sana y la que no lo es, para permitirnos expresarla libremente cuando la necesitemos.
La ira insana, cuando no se maneja de manera saludable, suele ser el resultado de una acumulación de emociones no expresadas o no integradas en nuestra vida. En lugar de dejarnos llevar por esta ira, debemos aprender a experimentar y comprender nuestras emociones. Tanto la ira reprimida como la ira desproporcionada son perjudiciales para nosotros y para los demás.
La ira en su forma natural y saludable es una respuesta defensiva que se activa cuando percibimos una amenaza para nuestra vida, integridad física o emocional. Es esencial para nuestra supervivencia, similar a cómo un animal protege su territorio o a sus crías. La ira saludable es una respuesta momentánea y no un monstruo que guardamos en lo más profundo de nosotros mismos, alimentado con vergüenza o justificaciones. Cumple su función de defendernos en momentos de amenaza y luego se desvanece, es una parte de la ley natural y, por sí misma, no desea dañar a nadie.
La ira en su forma más pura no tiene una carga moral; no es correcta ni incorrecta; simplemente es una emoción con el noble deseo de mantener la integridad y el equilibrio. Cuando esta ira se vuelve tóxica, podemos abordar las historias y las interpretaciones inútiles que alimentan el fuego, sin necesidad de invalidar la emoción en sí. También podemos explorar cómo nuestra incapacidad para decir "no" contribuye al resentimiento crónico que nos hace propensos a explosiones dañinas.
El mensaje central de la ira es un "no" claro y poderoso, expresado con la intensidad que el momento exija. Si nos encontramos tolerando o racionalizando situaciones que nos causan un estrés persistente, negando su gravedad con frases como "Puedo lidiar con esto" o "No quiero hacer un escándalo por esto", puede ser una oportunidad para permitir que la ira surja. Incluso la simple admisión de "No me gusta esto" o "No quiero esto" puede ser un paso hacia adelante.
La investigación sugiere que expresar la ira de manera adecuada puede tener beneficios para la salud física. Por ejemplo, en casos de esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una enfermedad que afecta a las personas extremadamente amables y que tienden a reprimir su ira, se ha observado un deterioro más rápido de su salud y calidad de vida. Lo mismo ocurre con la fibromialgia, que se ha relacionado en numerosos estudios con traumas infantiles. Un estudio en el European Journal of Pain concluyó que la tendencia a inhibir la ira está relacionada con un aumento del dolor en la vida cotidiana de las mujeres con fibromialgia. Por lo tanto, la expresión saludable de la ira puede ser una intervención psicológica útil para mitigar los síntomas de esta enfermedad.
La cuestión, para la mayoría de nosotros, no es si debemos enojarnos, sino, cómo podemos relacionarnos de manera saludable con las emociones que surgen naturalmente en la vida, incluida la ira. Aprender a comprender, expresar y gestionar la ira de manera constructiva es esencial para nuestro bienestar y relaciones con los demás. Al hacerlo, podemos mantener un equilibrio emocional que nos permita vivir una vida más plena y satisfactoria.
Puedes responder estas preguntas de reflexión, dentro del artículo de Indagación compasiva
Este texto esta inspirado por el libro de Gabor Maté, el mito de la normalidad, trauma, enfermedad y sanación en una cultura tóxica (2023).
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