Las mujeres enfrentan una mayor prevalencia de enfermedades crónicas desde temprana edad, lo que resulta en más años de mala salud y discapacidad. Este género experimenta un mayor riesgo de padecer dolor crónico, migrañas, fibromialgia, síndrome de colon irritable y enfermedades autoinmunes, como la artritis reumatoide y el lupus. La incidencia de ansiedad, depresión y trastorno de estrés postraumático es el doble que en los hombres, lo que plantea una "nueva normalidad" que es en realidad anormal.
En Estados Unidos, una de cada cuatro mujeres toma medicamentos psiquiátricos y ansiolíticos. Además, el Alzheimer parece afectar desproporcionadamente a las mujeres, así como a las personas de color. Esto plantea preguntas fundamentales sobre el origen de estas afecciones, ya que se ha demostrado que las necesidades de desarrollo insatisfechas, el estrés y el trauma pueden desencadenar trastornos emocionales que a menudo resultan en inflamaciones y daño físico y mental.
La carga compartida de las mujeres, independientemente de su raza y clase, se cruza con las de las minorías étnicas, lo que aumenta la incidencia de enfermedades en gran escala. La discriminación racial y el racismo sistémico también tienen efectos significativos en la salud, exacerbando las disparidades.
El estrés de ser mujer en una sociedad patriarcal se incrusta en todos los sistemas del cuerpo, incluyendo el sistema inmunológico. El trauma sexual es un factor de riesgo para una variedad de trastornos corporales y mentales, y las niñas enfrentan un mayor riesgo. Las mujeres se ven constantemente amenazadas por el acoso sexual en sus vidas personales y profesionales.
La supresión de la ira y la negación de las emociones auténticas son patrones comunes en la vida de las mujeres. La cultura patriarcal ha inculcado la renuncia a las necesidades propias para mantener relaciones seguras, lo que a menudo resulta en un costo para la salud. Las mujeres que reprimen sus sentimientos y conflictos tienen un riesgo aumentado de morir en comparación con aquellas que se expresan.
Además, las mujeres a menudo se ven atrapadas en el papel de cuidadoras emocionales, manteniendo a las familias y comunidades unidas. Esta labor, conocida como "trabajo emocional," puede ser abrumadora y causa un estrés crónico que afecta negativamente su salud, ya que a menudo lo hacen a expensas de sus propias necesidades y emocione, si a esto le sumamos la distribución asimétrica de tareas entre hombres y mujeres, crea una tensión constante que afecta la salud de las mujeres.
El patriarcado, como sistema de poder arraigado, influye en todos los aspectos de la vida, desde la economía hasta la política. Los hombres también pagan un precio, ya que la cultura patriarcal fomenta la invulnerabilidad masculina y prohíbe la expresión de emociones vulnerables.
La masculinidad tóxica lleva a los hombres a reprimir sus emociones y a evitar la vulnerabilidad. Esta represión tiene efectos perjudiciales en la salud de los hombres y a menudo se manifiesta en adicciones, violencia y problemas de salud mental.
Es necesario reconocer y abordar los desafíos que enfrentan las mujeres y los hombres en una sociedad patriarcal, así como la importancia de promover la igualdad de género y la salud mental y física para todos.
Este texto esta inspirado por el libro de Gabor Maté, el mito de la normalidad, trauma, enfermedad y sanación en una cultura tóxica (2023).
Películas sobre el acoso laboral

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