No todos tenemos los mismos recursos emocionales, sociales o económicos. Tampoco compartimos las mismas circunstancias de vida o contextos sociales. Además, cada uno de nosotros tiene una historia diferente, y hay personas que lidian con desafíos que no siempre son visibles a simple vista, como la neurodivergencia o trastornos de salud mental.
Por eso, es fundamental replantear cómo ofrecemos “sabiduría” o “consejos” de bienestar, desde un lugar de empatía, inclusión y compasión.
1. El peligro de las frases superficiales
Las frases de superación personal y manifestación se han vuelto tan populares que a menudo no nos detenemos a reflexionar sobre el impacto que pueden tener. Aunque las intenciones detrás de estos mensajes pueden ser buenas, no todos tienen el mismo efecto en todas las personas. Cuando alguien enfrenta un trauma, una depresión, o incluso una situación de vulnerabilidad económica o social, escuchar frases como “Lo que crees, creas” puede sentirse no solo poco empático, sino incluso hiriente.
Ejemplo de frases cliché y su efecto:
“Solo atraes lo que estás vibrando.” Este tipo de afirmación sugiere que cualquier cosa negativa que nos ocurra es culpa nuestra, lo que puede ser profundamente dañino para alguien que está lidiando con una enfermedad mental, un trauma o una situación difícil fuera de su control.
“Todo lo que te pasa es un reflejo de ti mismo” (Ley del espejo). Si bien la introspección es una herramienta poderosa, esta afirmación ignora el hecho de que las personas pueden estar enfrentando situaciones que no son su responsabilidad directa, como la discriminación, la pobreza, la violencia o las experiencias traumáticas.
En lugar de proporcionar consuelo o herramientas reales para el bienestar, estas frases pueden aumentar la culpa y la vergüenza, haciendo que la persona se sienta aún más aislada en su dolor.
2. La importancia del contexto y la individualidad
Cada ser humano es único, y su historia personal, circunstancias y emociones deben ser respetadas y comprendidas. Para ser verdaderamente empáticos, es vital que reconozcamos que no existe un enfoque universal para el bienestar. Las herramientas que funcionaron para una persona pueden no ser útiles, o incluso ser dañinas, para otra.
Ejemplo:
Una persona que vive en un país en guerra o enfrenta una situación de discriminación constante no necesita escuchar “Solo cambia tu perspectiva y todo mejorará”. Esta frase ignora el contexto sociopolítico, la injusticia estructural y las dificultades reales que la persona enfrenta diariamente. No se trata solo de cambiar un pensamiento, sino de reconocer la realidad externa y trabajar desde un lugar de empatía y sensibilidad.
3. La neurodivergencia y la salud mental en el camino del bienestar
Para muchas personas, especialmente aquellas que viven con trastornos de salud mental o neurodivergencia (como el TDAH, el autismo o la dislexia), el enfoque simplista de la autoayuda no solo es insuficiente, sino que puede ser invalidante. La neurodivergencia implica que los cerebros de algunas personas funcionan de manera diferente a lo que la sociedad suele considerar “normal”. Esto no es algo que se pueda cambiar simplemente con afirmaciones positivas o "cambiando la vibración".
Desde la neurociencia, sabemos que las personas con trastornos de ansiedad, depresión, TDAH o PTSD experimentan diferencias reales en la actividad cerebral. La plasticidad cerebral –es decir, la capacidad del cerebro para cambiar y adaptarse– es un proceso que toma tiempo, esfuerzo y, en muchos casos, la intervención de profesionales. Afirmar que una persona puede superar su condición únicamente mediante pensamientos positivos ignora estas realidades neurológicas.
Ejemplo:
Una persona con ansiedad social podría sentirse devastada al escuchar “Solo necesitas confiar más en ti mismo”. Esta frase no solo minimiza la lucha diaria que enfrentan, sino que refuerza la idea de que su condición es un defecto de carácter, cuando en realidad se trata de una combinación de factores genéticos, neurológicos y ambientales.
4. Cómo ser verdaderamente empáticos: Inclusión y sensibilidad
La empatía real significa ver y comprender a la persona en su totalidad: sus luchas, sus contextos, sus privilegios o la falta de ellos, y sus diferencias individuales. Para ofrecer apoyo genuino, debemos aprender a ser más cuidadosos y a evitar generalizaciones simplistas.
Ser inclusivos significa:
Reconocer que una herramienta que funciona para alguien puede no funcionar para todos.
Comprender que algunas personas enfrentan desafíos invisibles, como el trauma o la neurodivergencia.
Respetar las emociones y vivencias de los demás, sin imponer nuestra propia visión de lo que es “correcto” o “saludable”.
Ejemplo:
En lugar de decir “Tienes que estar agradecido por lo que tienes”, podríamos preguntar: “¿Cómo te sientes con lo que estás viviendo ahora? ¿Qué necesitas en este momento para sentirte un poco más en paz?”. Este enfoque abre un espacio de diálogo y conexión auténtica, donde la persona siente que es vista y escuchada.
5. La base neurocientífica de la empatía y el bienestar
Desde una perspectiva neurocientífica, la empatía y la conexión social son fundamentales para el bienestar. El cerebro humano está diseñado para funcionar en comunidad. La oxitocina, conocida como la “hormona del amor”, se libera cuando experimentamos interacciones sociales positivas, como el apoyo emocional genuino, el contacto físico afectivo, o el sentirse entendido por otro ser humano.
Por otro lado, la activación constante de la amígdala, la parte del cerebro responsable del procesamiento del miedo y el estrés, ocurre en personas que experimentan traumas o viven en entornos adversos. Las afirmaciones simplistas que ignoran estas realidades neurológicas no solo son ineficaces, sino que pueden aumentar los niveles de estrés y aislamiento de la persona.
6. Crear espacios seguros y respetuosos para el bienestar
Al hablar sobre bienestar, sanación o espiritualidad, es crucial crear espacios donde las personas se sientan seguras, vistas y respetadas. Debemos ofrecer herramientas que sean flexibles, que puedan adaptarse a diferentes contextos y realidades. En lugar de imponer una fórmula única para todos, el enfoque debe ser personalizado y basado en la compasión.
Ejemplo:
Alguien que vive con un trastorno de estrés postraumático (TEPT) puede necesitar herramientas suaves y graduales para trabajar en su sanación. No se trata de forzar una transformación rápida o imponer una narrativa de “superación”, sino de ofrecer apoyo continuo y adaptativo, respetando los ritmos individuales.
En resumen, el verdadero camino hacia el bienestar no se trata de recitar frases inspiradoras o aplicar métodos de autoayuda que funcionan para algunos, pero no para todos. Se trata de ser empáticos, sensibles e inclusivos, reconociendo la diversidad de experiencias humanas. Debemos alejarnos de las soluciones rápidas y fáciles, y acercarnos a un enfoque más profundo, que integre la ciencia, la compasión y la individualidad.
Ser conscientes de que todos estamos en diferentes caminos y que nuestras herramientas deben ajustarse a cada contexto nos permitirá ofrecer un apoyo más auténtico, amoroso y efectivos.
Carla Castro

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